Desafíos energéticos de la Argentina a mediano y largo plazo

Hugo Eurnekian, presidente de Compañía General de Combustibles advierte que existe una ‘fiebre’ por las tecnologías limpias. No obstante, esas energías hoy no alcanzan por sí solas para reducir la emisión de gases contaminantes.

BUENOS AIRES – Hugo Eurnekian, presidente de Compañía General de Combustibles (CGC), brazo energético de Corporación América, dio una entrevista en la que destacó el rol preponderante que puede jugar el gas en los próximos años. Analizó la complementación con las energías renovables y adviertió sobre el riesgo de dejarse contagiar por la ‘fiebre’ por las energías limpias sin reparar en que por sí solas no alcanzan para cumplir con el objetivo de reducir la emisión de gases contaminantes.

«Soy un convencido de que el gas jugará un rol preponderante y que lo del combustible de transición (hacia las energías limpias) no es un slogan, sino que tiene mucho sentido, porque en la cuestión de electrificación, el gas es un combustible que puede ser eficiente y poco contaminante; comparado con las energías alternativas es flexible y no tiene el problema de la intermitencia», enumera el ejecutivo.

El Presidente de CGC, advirtió que la Argentina puede exportar LNG, lo que hay que discutir es el futuro. La empresa posee la concesión de la mayoría de áreas petroleras de Santa Cruz y es el de mayor desarrollo de gas fuera de Vaca Muerta de los últimos tres años. Han incrementado más de un 60% la producción del fluido en los últimos 12 meses, según datos del IAPG. Inició la explotación de un campo de tight gas de arenas compactas en las áreas El Cerrito y Campo Indio Este. Hizo punta con el primer desarrollo de tight sands en Santa Cruz y es el único proyecto no convencional incluido bajo el paraguas del programa de incentivos a la producción de yacimientos no convencionales que lanzó el Ministerio de Energía de la Nación. Es, de hecho, la primera explotación no convencional fuera de la Cuenca Neuquina.

Aseguró que «en octubre o noviembre de este año vamos a perforar el primer pozo en una formación shale de la provincia». El desafío a nivel global es ir hacia una economía de baja emisión de gases de tipo invernadero, reducir el C02. Ése es claramente el destino y el objetivo, pero creo que lo primero y más importante es desmitificar a las renovables. Éstas juegan un rol relevante y trascendental, pero con la baja del costo de las renovables –que empiezan a ser realmente competitivas económicamente– existe una fiebre por esas tecnologías. Y si bien son muy importantes, hay que dejar claro que no nos llevarán por sí solas al destino al que queremos llegar. No hay que pensar que, con el éxito que han tenido en estos últimos años, entonces ahora todo debe ser renovable, porque eso es imposible. Existe algo básico con relación a las energías renovables: mientras aumenta su market share empieza a aumentar su costo, básicamente por su intermitencia. Si el pico de generación con renovables no está alineado con el pico natural del sistema, que es lo que normalmente ocurre, los parques eólicos y solares empiezan a entregar energía de sobra en un momento en donde no se necesita. Nos terminaban pagando por tener nuestros parques eólicos parados. Y después, el pico de la demanda de energía se cubría con soluciones mucho más caras. Por eso digo que no tenemos que obnubilarnos por el éxito que han tenido las renovables y pensar que con ellas llegamos al final del camino. Nos han acercado muchísimo hacia la meta, hay que defenderlas, pero hay que entender que no alcanza sólo con esas tecnologías.

Soluciones

Al ser consultado sobre su percepción sobre las posibles soluciones a las consecuencias del éxito desmedido de las energías renovables, Eurnekian respondió:

No hay que enamorarse de ninguna solución en particular, porque cada lugar, cada país tiene su realidad local, sus recursos naturales, su situación de demanda, entonces nadie puede decirte «ésta es la solución» porque, en definitiva, no hay una sola. Hay que desarrollar tecnologías. Podemos hablar de captura de CO2, geotérmica, centrales nucleares pequeñas; no hay que cerrarse, hay que abrir el espectro e invertir en un mix de soluciones de distintas alternativas.

Las renovables están creciendo mucho, hoy estamos en niveles saludables. Lo que digo, desde una mirada macro, es que no se puede pensar que las renovables van a resolver el problema energético en la actualidad. Lo analizo desde el lado del policy maker (hacedor de la política pública), hay que seguir buscando soluciones porque todavía no está claro cómo llegar a ese punto de llegada que nos proponemos vinculado a la reducción de gases contaminantes.

El rol del gas natural

Soy un convencido de que el gas jugará un rol preponderante y que lo del combustible de transición no es un slogan sino que tiene mucho sentido, porque en la cuestión de electrificación, el gas es un combustible que puede ser eficiente y poco contaminante; comparado con las energías alternativas es flexible, no tiene el problema de la intermitencia, y puede reemplazar carbón y combustibles líquidos mucho más contaminantes no sólo en la generación sino en el proceso de electrificación al sustituir motores de combustión interna por motores eléctricos sobre la base de una generación más eficiente. El gas tiene un rol muy importante en la transición al bajar la contaminación significativamente, es barato, es abundante. Y otra cosa importante del gas es que deja de ser un commodity aislado; con la gran inversión en licuefacción que se está haciendo –sobre todo en EE.UU.–, el LNG se convertirá en un commodity global y abundante.

No se puede pensar que vamos a resolver la competitividad de la industria energética de manera aislada. Eso va a pasar cuando mejore la Argentina en su conjunto, cuando mejoremos los empresarios, cuando mejore el periodismo, cuando mejoren el debate y la opinión pública. Y eso provoque que seamos un país más confiable, con un mejor marco regulatorio, que podamos resolver el problema del déficit, así como también temas impositivos, sindicales, e incluso de la Justicia.

Fuente: Revista Trama/ Nicolás Gandini